El eje intestino-cerebro: cómo tu microbiota influye en tu estado de ánimo

Por Víctor Meseguer, Dietista-Nutricionista especializado en salud digestiva y nutrición clínica

¿Alguna vez has sentido «mariposas en el estómago» antes de una cita importante? ¿O se te ha «cerrado el estómago» en un día de mucho estrés? ¿O has ido corriendo al baño justo antes de un examen o una entrevista?

No es casualidad, ni es una forma de hablar. Tu intestino y tu cerebro están conectados de verdad, con cables reales, mucho más de lo que la mayoría de la gente imagina. A esa conexión la ciencia la llama el eje intestino-cerebro, y es uno de los temas más apasionantes de la nutrición actual.

El problema es que también es uno de los temas donde más se exagera y se vende humo. Así que vamos a separar lo que es verdad de lo que no, sin cuentos.

Por qué al intestino lo llaman «el segundo cerebro»

Esto sorprende a casi todo el mundo: tu intestino tiene su propio sistema nervioso. Y no es poca cosa. Estamos hablando de más de 100 millones de neuronas repartidas por las paredes de tu tubo digestivo. Para que te hagas una idea, eso es más neuronas que las que tiene tu médula espinal entera.

Ese sistema es tan complejo que puede controlar buena parte de la digestión él solito, sin tener que preguntarle al cerebro qué hacer en cada momento. Por eso lo llaman «el segundo cerebro». No es que piense ni tenga sentimientos, pero sí es un centro de mando nervioso propio, algo que ningún otro órgano del cuerpo tiene.

La conexión va en los dos sentidos

Aquí está lo interesante: esta conexión funciona en las dos direcciones, como una carretera de doble sentido.

Por un lado, tu cerebro manda señales a tu intestino. Eso ya lo has vivido: los nervios que te descomponen el vientre antes de algo importante, el estrés que te quita el hambre, la ansiedad que te revuelve el estómago.

Pero por el otro lado, tu intestino también le manda señales a tu cerebro. Lo que pasa ahí abajo, en tu intestino, envía mensajes que pueden influir en cómo te sientes, en tu ánimo y en tu nivel de estrés. Y en esos mensajes tienen mucho que ver las bacterias que viven en tu intestino, lo que llamamos la microbiota.

Esta conversación de ida y vuelta se produce por varios caminos a la vez. El principal es el nervio vago, que funciona como una especie de cable directo entre el intestino y el cerebro. Pero también participan tu sistema inmune, tus hormonas y unas sustancias que fabrican las propias bacterias de tu intestino.

El famoso dato de la serotonina: verdad, pero con truco

Seguro que has visto mil veces esta frase: «el 90% de la serotonina se produce en el intestino». Y es verdad. La serotonina es una sustancia relacionada con el buen humor, el sueño y la sensación de bienestar, y efectivamente, entre el 90% y el 95% de la que hay en tu cuerpo se fabrica en el intestino, no en la cabeza.

Hasta aquí, todo cierto. Pero ahora viene la parte que casi nadie te cuenta, y que como profesional tengo que explicarte bien para no engañarte.

Esa serotonina que se fabrica en el intestino no sube al cerebro. Hay una especie de muro de seguridad que rodea el cerebro, llamado barrera hematoencefálica, y la serotonina del intestino no puede atravesarlo. O sea: la serotonina de tu intestino trabaja en tu intestino, ayudando a que el intestino se mueva bien, pero no es la misma que te pone de buen humor en la cabeza.

Entonces, ¿es mentira que el intestino influye en tu ánimo? No, nada de eso. Pero lo hace de forma más indirecta de lo que suena eso de «tu felicidad se fabrica en el intestino». El intestino influye en tu cerebro por otros caminos: las bacterias fabrican otras sustancias que sí llegan al cerebro, activan ese cable directo que es el nervio vago, controlan la inflamación del cuerpo, y ayudan a preparar los ingredientes que tu cerebro necesita para fabricar su propia serotonina. Es real, pero es más como un teléfono entre el intestino y el cerebro que como una fábrica directa de felicidad.

Qué dice de verdad la ciencia sobre el intestino y el ánimo

La investigación aquí es muy prometedora, pero también muy nueva, y hay que ser honesto sobre lo que sabemos y lo que no.

Lo que sí está claro: las personas con problemas digestivos como el síndrome de intestino irritable sufren muchísima más ansiedad y depresión que el resto de la gente. Y funciona en las dos direcciones: el estrés empeora el intestino, y el intestino en mal estado empeora el ánimo. Esto lo veo cada semana en consulta, y está de sobra demostrado.

También se sabe que las bacterias intestinales de las personas con depresión o ansiedad suelen ser diferentes de las de quienes no tienen esos problemas: tienen menos variedad y una composición distinta.

Donde hay que frenar es en el salto de «existe una relación» a «arreglar tu microbiota cura la depresión». La mayoría de los estudios más llamativos se han hecho en ratones, no en personas. En humanos, lo que tenemos es más flojo y más modesto. Sí hay estudios que muestran que ciertos probióticos pueden bajar un poco la ansiedad o el estrés, pero de ahí a decir que un vaso de Kéfir te va a curar una depresión hay un abismo. Quien te venda eso, te está vendiendo humo.

Cómo cuidar tu microbiota, que eso sí depende de ti

Al margen de hasta dónde llegue exactamente la conexión con el ánimo, cuidar tu microbiota es bueno para tu digestión, tus defensas y tu salud en general. Y la buena noticia es que eso sí está en tu mano.

Lo que más ayuda a tener un intestino sano y con bacterias variadas:

Comer mucha fibra y muchos vegetales distintos. Las bacterias buenas se alimentan justo de la fibra que tú no puedes digerir, y cuanta más variedad de plantas comes, más rica y variada es tu microbiota. Esto es lo más importante de todo.

Tomar alimentos fermentados como yogur natural, kéfir o chucrut, que aportan bacterias vivas beneficiosas.

Bajar los ultraprocesados, el exceso de azúcar y ciertos aditivos, que se relacionan con un intestino peor y más inflamación.

Dormir bien y controlar el estrés, porque recuerda que esto va en los dos sentidos: el estrés continuo también altera tu microbiota.

No abusar de los antibióticos, que arrasan tanto las bacterias malas como las buenas. Esto no significa no tomarlos cuando el médico los manda, sino no automedicarse ni pedirlos cuando no hacen falta.

En resumen

Tu intestino y tu cerebro están conectados de verdad, en las dos direcciones, y tus bacterias intestinales tienen mucho que ver en esa conversación. Es cierto que casi toda la serotonina del cuerpo se fabrica en el intestino, aunque esa serotonina no sube directamente al cerebro, así que la relación con el ánimo es más indirecta de lo que se suele contar. La ciencia aquí es muy prometedora pero todavía joven, y conviene distinguir lo demostrado de lo exagerado. Lo que sí está claro es que cuidar tu microbiota, comiendo variado, con mucha fibra vegetal y menos ultraprocesados, es bueno para tu digestión, tu salud general y, muy probablemente, también para cómo te sientes.

¿Quieres cuidar tu intestino de verdad?

Si los problemas digestivos te acompañan a menudo y quieres entender de una vez qué le pasa a tu intestino y cómo cuidarlo, en mi ebook Intestino Inflamado lo explico paso a paso: cómo funciona tu microbiota, qué alimentos la ayudan y cuáles la perjudican, las tablas FODMAP completas, un protocolo práctico y recetas para aplicarlo desde el primer día.

👉 Conseguir el ebook Intestino Inflamado por 9,99 €


Referencias bibliográficas

Cryan, J. F., O’Riordan, K. J., Cowan, C. S. M., Sandhu, K. V., Bastiaanssen, T. F. S., Boehme, M., … & Dinan, T. G. (2019). The microbiota-gut-brain axis. Physiological Reviews, 99(4), 1877–2013.

Yano, J. M., Yu, K., Donaldson, G. P., Shastri, G. G., Ann, P., Ma, L., … & Hsiao, E. Y. (2015). Indigenous bacteria from the gut microbiota regulate host serotonin biosynthesis. Cell, 161(2), 264–276.

Mawe, G. M., & Hoffman, J. M. (2013). Serotonin signalling in the gut: functions, dysfunctions and therapeutic targets. Nature Reviews Gastroenterology & Hepatology, 10(8), 473–486.

Valles-Colomer, M., Falony, G., Darzi, Y., Tigchelaar, E. F., Wang, J., Tito, R. Y., … & Raes, J. (2019). The neuroactive potential of the human gut microbiota in quality of life and depression. Nature Microbiology, 4(4), 623–632.


Este contenido tiene carácter exclusivamente educativo e informativo. No constituye consejo médico ni psicológico individualizado. Si sufres ansiedad, depresión o problemas digestivos persistentes, consulta con un profesional sanitario cualificado.

Publicaciones Similares

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *